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Gestión Pasiva

Las ventajas de la gestión pasiva

 

¿Qué me dirías si te dijera que con 3.000€ puedes conseguir 10.207€ en 25 años sin hacer prácticamente nada? Con esa cifra tan pequeña puede no parecer mucho, pero realmente la inversión inicial se ha más que triplicado. Eso es exactamente lo que le hubiera pasado a un inversor que hubiera decidido comprar una unidad de Ibex35 el día 14 de enero de 1992 y mantenerlo hasta hoy y en lo que la gestión pasiva consiste.

De hecho, os acabo de mentir. Las acciones del Ibex durante todos esos años han repartido dividendos, por lo que un inversor que hubiera comprado a su precio de inicio de 3.000 puntos y hubiera mantenido hasta hoy reinvirtiendo los dividendos, tendría los 26.579€ que vale el Ibex35 total return. Su inversión se hubiera multiplicado casi por 8 veces en ese periodo, aunque también habría que deducir un porcentaje anual en concepto de costes varios.

Lo siguiente que me podrías decir es que el Ibex es un índice, una construcción matemática, y que por tanto no se puede comprar ni vender y esas ganancias solo existen sobre el papel. En este punto te tendría que dar la razón si no fuera porque ya por 1976 John Bogle, padre de la gestión pasiva, tuvo la idea de que no había mejor inversión que ser dueño (aunque fuera de una parte pequeña) de todas las empresas de Estados Unidos. La idea era que las empresas generaban beneficios, y que esos beneficios acumulados en el tiempo y reinvertidos acabarían sumando una cantidad inmensa de dinero. Con ese pensamiento en mente creó el fondo de inversión Vanguard 500 Index Fund, que replicaba al índice S&P500 como aproximación de la economía americana.

Este modelo de inversión funcionó tan bien que a día de hoy el fondo sigue siendo uno de los más grandes de la industria. Para obtener más flexibilidad, con el tiempo aparecieron los ETFs (Exchange Traded Funds) o fondos de inversión cotizados en bolsa. Este instrumento mantiene las ventajas de los fondos de inversión, pero además hace más flexible su adquisición y venta y permite un seguimiento más cercano de su valor al cotizar en el mercado. Además, existen diversos tipos de derivados que replican el comportamiento de índices, pero estos activos están más pensados para la especulación que para la inversión a largo plazo.

La conclusión clara es que tenemos un método de inversión que ha funcionado desde que aparecieron los mercados financieros y que además es imbatible por los demás métodos (ya hablaremos en profundidad sobre esto en futuros artículos). Podrías pensar que esas rentabilidades son imposibles, pero una rápida búsqueda en fuentes oficiales te demostrará que no lo son. Además, esto no pasa sólo con España, sino con cualquier mercado del mundo en el largo plazo. Únicamente faltaría por tomar en cuenta el efecto añadido de los costes de gestión, mantenimiento, corretaje, etc. Pongamos que supongan un 0’5% anual; aun así, las cifras son más que atractivas. La pregunta entonces es ¿por qué no pasarse a la gestión pasiva?

Rubén Castillo Sánchez

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